sábado, 10 de diciembre de 2022

 Poema del Abuelo.

No me quites la ilusión. Mis años finales 

quiero vivirlos en paz, 

con mis buenos recuerdos 

y mis muchas tristezas....


No, no se trata de bienes o dinero...

se trata de sentirme vivo entre los míos y 

con quiénes quiero...


No me abandones...

protejeme de la hipocresia de muchos

de la codicia de algunos...


A cambio

prometo partir en silencio,

sin molestar mucho,

lleno de gratitud 

y de esa callada Dignidad de los Abuelos.


De Pedro Halley Merlo , hijo de Don Mario Halley Mora

viernes, 25 de noviembre de 2022

Cuento SEÑALES

CUENTO : Señales. Ella no creía en nada, menos en señales. Su vida había sido pálida, porque su amor nunca llegó, a causa de albergar un exigente corazón. Pensaba que todo el mundo equivocado estaba, no creía en las personas, tampoco en el destino ni en el azar, no tenía religión ni a nadie a quien rezar. Si, creía en su Lolita, compañera incondicional. Caniche blanco, ya media sorda, que sólo respondía a la voz de su dueña, cuando a lo lejos la oía gritar. Un nublado viernes, Lolita siguió a la Doña, cuando a la despensa galletas iba a comprar. Cruzó elegante aquel camino, más no escuchó la bocina de la moto de Don Balbino, y mal herida a la veterinaria fue a parar. Tanto tiempo parada y preocupada, ya la Doña acalambrada, luego de una larga espera, el Doctor la hizo pasar. Lolita, sufría tratando de respirar. -La vamos a dejar acá- dijo el Doctor. -vaya a casa Doña, vaya a rezar- -está viejita su perrita, no sabemos que puede pasar- Angustiada y sola volvió caminando a su hogar. Se sentó en el mismo lugar, donde con ella miraba la luna, en una silla de mimbre, que al mecerse parecía llorar. Se sintió muy sola, a sus pies no estaba Lola. -No tengo nada que perder- se dijo. Y derramando lágrimas, recordando a su cachorra, entabló sincera y profunda charla, esperando que alguien la escuchara ahí arriba, susurrando triste por la salud de Lola, para que se recupere, para que viva. Cielo negro y oscuro, como ella sentía su alma, había mucho viento, los grillos del patio cantaban. De hombros contraídos y el pecho chiquito de angustia, pidió mil veces por ella. Cansada de llorar, llorar por Lola, y por miles de otras penas, levanta al cielo la frente, y descubre una luz, fuerte, grande y brillante, que por primera vez aparece. ¿Es una señal?-se pregunta. La Doña se aferra y se agarra fuerte a la idea. Que alguien desde lo alto, le había regalado una pizca de esperanza, y con ojitos llorosos, relaja un poquito su frente arrugada, se acuesta y descansa. Hoy la Doña está contenta. Lola volvió a la casa, por supuesto un poco más sorda, y con un nuevo andar medio chueco, por la casa alegría desborda. Y al salir las estrellas se sientan juntas, y la vieja mecedora de mimbre canta. En silencio ella agradece mirando fijo a su lucero, con ojitos cansados más nunca tan felices, ya que para las dos a cambiado el mundo entero. Este astro, descubierto por ella, en un momento de desespero y pena, no era otra cosa, que una nueva antena de la compañía telefónica, que ampliaba su área de cobertura, cruzando el camino, recientemente instalada en el pueblo vecino. Más cuando esta Señora se enteró, no le importó. Ella decidió creer, en las personas, en las señales, y todas las noches juntas, Lola y la Doña esperan su aparecer. Fin . DE JAZMIN BARRAIL MURCIA NIETA DE MARIO HALLEY MORA

miércoles, 9 de noviembre de 2022

CUENTO : Falta Poco

Cuento “Falta Poco” de Jazmín Resulta que estaba un poco cansada, agotada física y mentalmente de buscar el mejor camino para subir. Mi mochilita estaba un poco pesada. Cómo nos costaba pisar esos cantorodados chiquitos! hacían que sea muy difícil pisar firme y avanzar ! Tropezamos mucho. Entonces dijimos... basta!!...y nos sentamos bajo un mango. Decidimos dejar de mirar para adelante, aquella cumbre que parecía lejana, en ese momento nos pareció imposible. Al apoyar nuestras espaldas por aquel gran tronco, respiramos profundo tratando de aprovechar el aire fresco . Fue en el mismo instante que los dos quedamos maravillados, desde esa altura podíamos ver todo lo que habíamos recorrido. Era muchísimo! Tanto caminar mirando derechito al futuro, nos dejó sin tiempo de poder ver lo recorrido. Se veían terrenos arenosos, otros más verdes y algunos bien pedregosos. Lo que tenían en común todos, eran nuestras pisadas, bien fuertes, bien marcadas, bien juntas. Recordamos lugares y personas maravillosas que conocimos desde el día que partimos, y después de mucho marchar sin parar, el descanso nos permitió sentirnos orgullosos y agradecidos. Aprovechamos para alivianar la mochilita sacando lo que no servía. Esa sensación de que estábamos en buen camino y que nuestra travesía se volvía cada vez más rica a medida que avanzábamos, nos cargó con energía pura para levantarnos y continuar. Cuando volvíamos al camino, sacó un papelito donde con sus manitos escribió DESCANSAR, Y me pidió guardarlo en la mochilita, como ingrediente principal de la fórmula para esa píldora Mágica que salimos a buscar. Chau mango, dijo él. de JAZMIN BARRAL HALLEY DE MURCIA -NIETA DE MARIO HALLEY MORA

miércoles, 6 de enero de 2021

CUENTO : Recuerdo de Reyes ✨Mario Halley Mora Pasó hace mucho tiempo. Cuando mis noches de Reyes eran noches de insomnio. Cuando toda la felicidad humana se centraba en la respuesta que recibiría la blanca interrogación de mis zapatos, mojados de luna y rocío, que velaban sobre la ventana. Cuando yo era niño, y sabía que bastaba serlo para creer. Yo creía en los Reyes. Pero en el barrio éramos muchos. Y otros no creían. Como Robertí. Cuando hablábamos, aquella noche del 4 de enero de un año lejano, de la próxima venida de los Reyes, surgía Robertí como un pequeño demonio de la negación, y riéndose con su boca fea y sus ojos bizcos, atropellaba: -¡Pero qué zonzos son! Lo Reye no hay. Lo Reye son tu papá que te pone en tu zapato mientra vó dormí. Le pedíamos una prueba. Y él nos replicaba que su papá «le había contado todo». Entre otras cosas, que «lo Reye son una macana inventada por lo juguetero para vender». Entonces, yo dudaba un poco, porque lo había dicho un papá, es decir, un ejemplar semi-divino (pero no tanto como el mío) que generalmente tiene una respuesta sabia para todas las preguntas. Claro es que en aquella edad no sabía que el amor de los padres, de la misma manera que ponía en sus bocas mentiras dulces, también sabía poner verdades amargas. Que era el caso, hoy lo comprendo, del papá de Robertí, a quien, en el recuerdo, vuelvo a ver desmedrado y flaco, trabajando mucho y ganando poco, sin darse tregua en el trabajo, tanto como lo exigía el pan para sus seis o siete chiquillos enfermizos. Felizmente para mí, formaba parte de aquella «barra» infantil Juan Carlos, que tenía mi misma edad, pero un millón de años de experiencia. Juan Carlos era impecable en todo. Era el mejor jugando al fútbol, pero nunca destrozaba su ropa. En la Escuela cada año se llevaba, con sonrisa señorial, el premio en «aplicación y conducta». Su padre era un brillante abogado. Y su madre había muerto precisamente un 5 de enero. Sobre esa casualidad triste él solía darme la explicación que a él le había dado su padre. Por eso, la negación que Robertí nos lanzaba al rostro como una pedrada cruel hería con mucha más intensidad a Juan Carlos. Y aquel 4 de enero, Robertí colmó la medida y tuvo lo suyo. Juan Carlos, para nuestro asombro, perdió su invulnerable compostura, y, como el mejor «moquetero» del barrio, propinó a Robertí la más grande paliza que yo había visto en mi vida. Lo golpeó concienzudamente, casi con saña. Recién ahora comprendo a Juan Carlos, porque comprendo hasta qué punto necesitamos volvernos guerreros para defender lo que creemos, o por lo menos lo que necesitamos creer. El epílogo de aquella pelea fue extraño. Robertí lloró, pero Juan Carlos, un poco ídolo caído ese día, lloró más. Entonces creía yo que por sí mismo. Hoy creo que por Robertí. Hubo después una explicación entre los respectivos padres. Y cuando Juan Carlos tuvo que rendir cuentas al suyo, acudí de testigo. Conté todo al padre de Juan Carlos, y salí pensando después que el papá de mi amigo era bastante raro, porque en vez de «retarle», le abrazó y le dijo: -Mirá, mi hijo. A los que no creen no se les pega. Se les enseña o se les perdona. Y había cuatro lagrimones. Dos en los ojos del hijo, dos en los ojos del padre. Llegó la noche soñada del cinco de enero. Yo había pedido un trencito «con vía y todo», pero recibí, como todos los años, una bolsita de caramelos, que eran dulces, pero me sabían amargos. Salimos después a la calle a intercambiar noticias. Y aquello fue la sensación. A Juan Carlos, el hijo del abogado próspero, los Reyes no le trajeron nada. A Robertí, el hijo del empleaducho en crisis, le trajeron lo que es la suma de todos los sueños, una bicicleta. Y Juan Carlos no estaba triste. Miraba a su papá y sonreía. Y su papá lo miraba a él y sonreía también. Irradiaban felicidad. Hoy comprendo la razón. Robertí creía. La mamá de Juan Carlos seguía caminando por los caminos del cielo, detrás de los Reyes Magos .

domingo, 10 de febrero de 2019

CUENTO: CINTA GRABADA


Cinta grabada
-Yo no soy güeno para contar caso y sucedido, don...
-Y má toavía, cuando hablo castellano me parece que voy arrastrando la palabra, medio a remolque del guaraní que tengo en mi cabeza.
-...Sí, es cierto que hace mucho yo era maestro de Escuela, pero eso era ante, cuando para ser maestro no se necesitaba ser má leído, sino meno ignorante que el prójimo...
-...por lo demá, ese su aparatito me pone un poco nervioso don, porque parece cosa de payé.
-Sí, ya tengo sabido que vino por acá un gringo loco que andaba por el monte apuntando la cosa esa hacia el canto de lo pajarito. Y el canto se quedaba enrollado allí en esa cinta. Igualito que el verdadero. Me parece nomás, don, que lo gringo andan tan encimado por allá por su tierra, que ya no hay lugar para lo pájaro. Y entonce enlatan y llevan en esa cinta lo ruido del monte, como la leche que traía el gringo que te digo que era una cosa seca, pero le ponía agua y salía leche de vera, y le repartía a lo mita-í que venían de la Escuela...
-...medio me da miedo nomá que lo que sale de mi boca se quede enriedado allí, don. Parece una payesería, le digo. Se me hace que el buen Ñandeyara quiere que lo que el prójimo dice má bien se quede en el corazón ajeno, y si se queda ajuera un restito, que se lleve el viento. Pero en ese su carretel se queda todo, hasta un pedazo de yo mismo porque yo es cierto que soy un viejo ya bien arrugado, don, pero yo también soy mi recuerdo y mi ahora.
-...Soy del 904. Bastante viejo ya, o sea que vine cuando el Partido Colorado se cayó del poder. Allá por el 22, ya me peleaba en Ca-í Puente, con mi pañuelo por mi  cuello. Mucha gente se murió allí caraí. Me jui en el Chaco en el 32, con uniforme y sin pañuelo. No le quiero ni contar eso.
-Lo hombre moruno y bajito venían y se metían en el monte, a pelear con nosotro, pero era gente que venía de la montaña de pura piedra, y no conocía el monte que siempre es traicionero. Alguno de ellos se moría de sé, porque nosotro no aposicionábamo en lo pozo de agua y defendíamos tal como si era la teta de nuestra tierra. Suelo soñar que estoy otra vé allí, en la trinchera, haciendo centinela de retén, oyendo toda la noche la lamentación de algún boliviano perdido por el monte:
-«¡Agüita, paraguayito!» gritaba, pero no había nada que hacer y era mejor dejarle que se muera, y que no pase lo que le pasó al Cabo Lesme, que se puso cristiano y le dio agua a un boliviano que ya estaba seco como una raja, y el hombre tomó su agua y encima le metió una bala en la barriga a Lesme, en puro descuido nomá. Después, en la Revolución del 47 yo ya no estaba má para pelea, y sabía que en la guerra hay má sujrimiento que ventaja. Entonce dije que no nomá cuando vinieron para reclutarme. Me pegaron con arreador hasta que mi carne dijo basta, pero no era yo, sino mi carne, y me caí medio muerto y sin sentir má nada. Me jugaron mucho, pero igual no me jui. Sabía lo que era la Revolución, peor que con los bolivianos, porque uno le puede matar a su pariente sin saber nada, y cuando uno sabe eso, el corazón se descolorea, igualito que mi pañuelo viejo del 22. Y no me jui nomá...
-...qué quiere que le diga, caraí. Usted me paga para que diga casos y sucedidos. Yo soy un caso. Un caso largo. Y no tengo la culpa de que mi vida venga caminando por encima de pelea y sujrimiento. Uno vive asegún dispone Nuestro Señor o la política, y quién soy yo para ponerme a hacer un camión para mí solo. La cosa son como son y hay que aguantarse y acomodarse y andar como lo lo otro quieren, con la esperanza de salir vivo o con el miedo de quedarse muerto. Así es, señor...
-...me recuerdo de mucha cosa, pero me cuesta un poco sacar todo ajuera. Y encima, me parece un poco forzado andar diciendo lo que le sucedió a la gente que ya no está má. Es como usar la palabra para desenterrar a lo finado.
-...eso dice Usté, que viene de la Capital, y porque no tiene lo año que yo tengo. La muerte es el fin natural, dice Usté. Eso sé bien, pero acá es otra cosa. Mire un poco el valle, parece poca cosa. Mire, el camino de tierra, que viene de no sé de adónde, parece que quiere agarrarse un ratito a nuestro poblado, pero se va siguiendo hasta lejo, cortando monte que ya no me acuerdo y bañado que ya no sé má. Parece poca cosa el valle, don, pero tiene gente que no piensa como Usté, con el debido respeto. Nosotro sabemo aquí que la muerte no es el fin natural, sino que es parte de la vida. Así es. Se acuesta con las mujeres y anda escondida abajo de lo poncho de los arribeño. La muerte, como el camino, se aposenta de noche en el poblado, y de día sigue hacia adelante, para venir otra vé de noche. Se va y viene, y para que no se pierde puntea el borde del camino con la crucita de alguno que se descuidó demasiado, y se quedó finado allí mismo para su mal...
-...es como si la muerte vive con nosotro. Y de tanta costumbre se hace amiga, un poco que se le mira de reojo, pero amiga. Y si le digo que alguna vece se siente madre, no me va a creer. Sí, señor se siente madre y lleva un mita-í, liado en su rebozo negro. Un angelito para el cielo, don. Por eso en lo velorio de lo angelito la mujere lloran y lo hombre traen su arpa y su guitarra y aperitan toda la noche. Así es el valle, caraí guazú... Buscamo en nuestro sujrimiento un motivo de guitarra para lo hombre y de alegría para el cielo. Al meno...
-...y ya que hablamo de eso, caraí, ahora me recuerda de la Aparicia Peña, que era la má linda cuñataí  del valle. Era linda y decente hasta má no poder, y eso amerito yo mismo porque en aquel tiempo yo era mozo como ella, y me entreveraba un poco también con lo embobado que salían de siesta a buscar la huella de su pie en la arena, para recoger un puñadito y hacer un escapulario que mientra se tiene abajo de la camisa, le obliga a la moza a pensar por uno.
-Vivía con su mamá, solita, lado en un rancho que toavía se ve por allá por el borde de la Isla Guazú. De su papá no había noticia que se tenga que creer, aunque me recuerdo que la vieja del valle decían que el hombre era uno de eso de después de la Guerra grande recorrían la campaña sembrando hijo.
-...y no me ponga esa cara, don. Así era, de seguro te digo.
-La guerra terminó con lo hombre, y lo pueblo y poblado como éste eran todo de mujere. Entonce venía el hombre, venía de lejo y se iba lejo, pero se quedaba un día apena, dejaba un hijo y llevaba para su bastimento y ya se iba. De eso ahora no se habla mucho, tal como si el silencio puede borrar el pecado, pero a mí se me hace nomás que pecado por pecado, má grande pecado hacía la mujere que no encargaba, ma que sea para tener alguien para ponerle el nombre de tanto de la familia que se murió en la Guerra. Así nació la Aparicia Peña. Peña por parte de su mamá, y nada má...
-¿La cuñataí? Güeno, era cosa para no terminar de ponderar. Ya no me recuerdo cómo era su cara, pero cuando pienso por ella, todavía se me despereza aquí en mi corazón la brasita que todavía me queda de mi año de mitä-ruzú...
-Lo domingo, cuando se iba ella en la misa del pueblo, sabía llevar como nadie su rosario de coral y filigrana encima de su typoi almidonado, y su zarcillo de tre pendiete y su anillo de ramale como sólo la gente de ante sabía hacer allá por Luque. Ella mostraba con orgullo esa  su prenda, que hasta ahora no sé cómo su mamá salvó de lo cambá de don Pedro II, que padeciendo ha de estar en el Purgatorio como decía mi mamá, y se hacía la señal de la crú para sacarse la suciedá de la boca y de la cabeza.
-Ella ya andaba por la época de ayuntarse, y má toavía asegún lo linda que era. Y se puso de novio por ella el hijo de don Calaíto Florentín, o sea Celso, que era un muchacho guapo y trabajador, sin má vicio que su gallo de riña, que él sabía manejar para que siempre gane honradamente, o sea sin veneno en la espuela.
-...por aquel tiempo, llegó recién un curita italiano, pa-í Yobani, que por su propia mano arregló la Iglesia del pueblo que se caía y andaba loco procurando aprender un poco de guaraní, seguro que para entenderse con la gente, el pobrecito. Pa-í Yobani, aparte de ser pa-í, asegún se decía escribía libros. No tengo sabido de qué clase, pero preguntaba mucho de todo, y siempre estaba apuntando alguna cosa en su libretita que sabía tener siempre en la borsiquera de su sotana. Así andando el pa-í Yobani, le conoció a la mamá de Aparicia Peña, que según se sabía, era hija de una familia de categoría de Ybytimí, que se quedó sola y desamparada por la guerra, y el pa-í le visitaba y no terminaban de hablar y recordar y de apuntar en la libreta, sino cuando empezaba a ser de noche, y el pa-í Yobani se iba...
-Güeno. Así la cosa, la Aparicia que ya estaba anoviada del todo con Celso, empezó a tener barriga grande. Como usté oye, don, se le abultaba la barriga tal como si encargaba un mita-í. Celso, con el cuchillo en la cintura, andaba loco preguntando por el nombre del desgraciado que le hizo el hijo a su novia. Pero nadie sabía dar noticia, ni ella misma, que juraba por todo lo santo que era Mita-cuña toavía. Pero nadie podía creer eso, mirando su barriga. Ni su mamá, que le mandó salir de su casa, a la vista de todo el vecindario de nuestro poblado...
-Me recuerdo bien de ese día. Ella gritaba que era  inocente, y su mamá que le rempujaba ajuera, llorando ella también, seguro que de penar por su hija y también por su orgullo herido. La Aparicia agarró entonce el camino. Y la vecindá decía: «ahora que no tiene casa, de seguro tiene que ir a pedirle protección al hombre que le perjudicó», y le siguieron en bandada por el camino, como perro que siguen al güey que llevan a la carneada. Ella se jue derecho a la Iglesia. Y entonce la gente se miraba, se hacía la señal de la cruz y decía: «Había sido el pa-í Yobani». Y encima, todo empezaban a calcular la barbaridá de tiempo en tiempo que el pa-í sabía estar en la casa de la Aparicia.
-...no faltó el güey corneta que se jue corriendo para llevarle la noticia a Celso. Y cuando era ya tardecita, se le vio a Celso que se iba cruzando por la plazoleta de la Iglesia, arrastrando a su mamá vieja que se colgaba de su ropa y le lloraba que no haga eso que iba a hacer. Entonce él le rempujó a su mamá y siguió su camino. Y la vieja se quedó allí tirada y arrancando a puñado su cabello y gritando que el que le mata a un pa-í está condenado a siete eternidade en el infierno del Demonio. Celso llegó a la iglesia y llamó al pa-í, y con el cuchillo en la mano tal parecía a uno de su gallo tan mentado, todo temblando de gana de matar. Pa-í Yobani salió y caminó hacia Celso, con lo brazo abierto, no sé si para mostrar que estaba desarmado, o para ser una crú viva para apagar la maldá de Celso. Pero de nada le valió al pa-í Yobani su brazo abierto en crú a no ser para acomodar mejor su corazón para recibir la puñalada. El pa-í se cayó en el suelo, y Celso, gritando como loco que era ya, corrió y se metió por el monte. Le encontraron un mé despué. Pero nunca se ha de saber si se murió por su propia mano, o de arrepentido, porque cuando le encontraron estaba casi todo comido por la hormiga.
-Pa-í Yobani no se murió enseguida, y siete día pasó en agonía. Vino el Obispo de Villarrica para verle, y trajo  un doctor suizo que andaba por la Cordillera del Ybytu-ruzú apuntando lo nombre de la planta del monte. Pero pa-í Yobani se murió nomás del todo luego.
-La noche que se murió el pa-í Yobani, le encontraron a la Aparicia muerta por su propia mano colgada de la viga mayor de la sacristía.
-Mucho tiempo se quedó má el Obispo y el doctor. Le llamaba a la gente en la Iglesia y preguntaba y apuntaba todo. Siempre así, don, y despué, un domingo hizo misa, y le habló a la gente. El pa-í Yobani era inocente -dijo el Obispo-. Y lo mismo Aparicia, porque el doctor revisó su cuerpo que ya estaba finado y allí no encontró un mita-í, sino una enfermedá que yo no me recuerdo su nombre, y es un tumor con una bolsa de agua que crece en la barriga, y tal parece un cosa de mujer que está encargando...
-Como le digo, cara-í, la muerte y la vida son tan juntita que parece que camina sobre lo mismo pieces.
-Así es desde siempre. Usté dice que la muerte es el fin. Cierto es eso, pero también la muerte es el comienzo y el medio, todo junto de una vé. Nadie no quiere nacer para morirse, pero desde que uno es parido el ángel de la guarda ya viene de luto, por si acaso nomás. La muerte está en todo, don. En la espuela del gallo y en el corazón inocente que guarda su amor bajo el typoi. Galopea encima del pingo del caudillo y forma fila entre la gente en lo día de votación. Nunca se duerme, porque siempre está alerta y manotea y agarra apena la caña se sube en la cabeza, o el pie retobado pisa el fleco del poncho del semejante. La muerte siempre ronda cerquita de la gente, como perro que espera una sobra de la vianda de la vida, o sino como arribeño pendenciero que llega a un baile y pide para bailar una polka partidaria, que es la polka de la muerte, porque pone miedo en el corazón de lo músico y afila el cuchillo de lo contrario...
-Y así es, caraí. Yo sé otro sucedido de este valle, si me quiere oír.
-Pero si ya está bien nomás, me voy a mi rancho, y si usté es generoso como me dijo, me da lo que me corresponde, que me está haciendo falta un poco de yerba para el mate y alguna fariña para el pirón-kyrá...

miércoles, 1 de agosto de 2018

Carta al lector: GENOCIDIO


El Genocidio parece ser la maldad de moda en nuestro tiempo, y como gente servil de aquí adentro, y gente mercenaria de allá afuera necesitan de un argumento para herir a nuestro país, han reavivado de nuevo la especie del “Genocidio de Indígenas en el Paraguay”. 
En nuestro diario, dicha mentira está recibiendo cumplida respuesta. Pero al margen de la importancia local de este nuevo episodio, nos preguntamos nosotros si aquellos que en Estados Unidos proclaman que ya no quieren ser “gendarmes del mundo”, pero se han convertido en “Jueces (gratuitos) del Mundo”, qué han dicho de los otros genocidios que en el cercano pasado y en el presente se están produciendo. 
Genocidio perpetraron, en escalofriante escala, los rusos después de la II Guerra Mundial con los pueblos de origen germánico que Vivian en sus fronteras. Y contra los ucranianos que saludaron como libertadoras a las tropas alemanas, y contra los lituanos que no querían perder su independencia. Genocidio contra indios han cometido los mismos americanos exterminando las tribus aborígenes y apropiándose de sus tierras. Genocidio contra blancos perpetraron las guerrillas rojas la semana pasada en el Zaire. Genocidio contra 3 millones de amarillos el año pasado en Camboya, caído bajo el poder rojo, y genocidio contra negros está cometiendo hoy mismo Fidel Castro, a quien en México, toda la prensa está acusando de formar sus fuerzas expedicionarias al África con los cubanos de raza negra, mayoría molesta a la que se está enviando al matadero africano, mientras que, según comprueba el Instituto Anticomunista Latinoamericano, cien mil negros están concentrados en Camagüey, a 20 millas de La Habana, en Pinar del Rio, Isla de Pinos, Matanzas y Sacti Espíritu, listos para servir de carne de cañón a la aventura comunista en África. 
Estos son hechos comprobados de genocidio, ante los cuales, los “jueces” radicalizados (?) de Washington callan, mientras por otro lado, aferrándose a escurridizos “testimonios” de enemigos del Paraguay, provocan un “lata parara mundial” sobre el “Genocidio en nuestro país”. Mientras tanto, como diría el Ministro Samaniego, aquí, en el Paraguay, “los muertos que ellos matan, gozan de buena salud”.
Mario Halley Mora - MHM

Carta 30 mayo 1978


martes, 20 de marzo de 2018

Comentario i: Inspiracion

Inspirarse en una obra ajena, no es copiarla, ni sacarle un vestido de época original y vestirla con otro. 
Inspirarse quiere decir, a lo sumo, tomar la idea central y el ahora en torno a ella la versión de que la propia imaginación es capaz. 
Grandes amores, terribles dramas, tremebundas angustias existenciales como las que aflora en Hamlet y la calavera, han sido asentados como momentos clásicos y cumbres del Teatro universal, y han servido a la inspiración ajena para que a lo largo de los siglos los autores vengan elaborando variantes de aquellas mismas ideas centrales. 
Los amores de Romeo y Julieta, los terribles celos de Otelo, la doblez de Tartufo, el torturado destino de Edipo, la gula de Pantagruel, la retorcida pasión de Electra. 
INSPIRARON miles de variantes, ofreciendo un nudo, un punto de partida para que otros autores den rienda suelta a su imaginación y a su pasión creadora y enfrenten con sus propias armas su propia responsabilidad de crear y enfrentar al público con algo que es original, hasta donde es posible serlo en esta etapa en que según dicen, ya no pueden existir situaciones, argumentos, ideas nitramas que ya no se hayan tratado alguna vez. 
De modo que mientras, revelan solamente pereza mental aquellos que dicen INSPIRARSE en una obra importante, y no hacen otra cosa que copiarla y disfrazarla.
Mario Halley Mora
(Publicado el 7 de junio de 1978)

viernes, 9 de marzo de 2018

Teatro Para Aficionados: EL ARBOL






MARIO HALLEY MORA - Libro Teatro Breve  Inedito para Estudiantes Secundarios y Grupo de Aficionados - Editorial Comuneros

jueves, 8 de marzo de 2018

jueves, 13 de abril de 2017

LA PALABRA Y LOS DIAS: HOY NO SE FIA

Vaya a saber cuando comenzó el cartelito y quien invento la frase o la trajo de afuera. Nos referimos a aquel tan común en los viejos almacenes de barrio y cuyo texto era éste: “HOY NO SE FIA. . . MAÑANA SI...” Era el mañana que jamás llega. Era como una defensa del almacenero, por lo general un español locuaz o un alegre italiano, contra los morosos que siempre existieron. La verdad, sin embargo, era ésta: a pesar del cartelito de marras el almacenero tenía su corazoncito de oro y siempre fiaba y, hasta en algunos casos, adelantaba unos pesos.
Otra verdad es también ésta: ninguno está en condiciones, ni el más veterano almacenero consultado, para saber cuándo, apareció la dichosa cartulina con eso de “...hoy no se fía...”  Viejos impresores recuerdan que se han cansado de confeccionarlos. Pero el letrerito tenía variantes. Había algunos traídos del exterior, seguramente, que junto a la frase mencionada mostraban la figura de un señor de prospero aspecto, bien trajeado, gruesa cadena de oro cruzando la voluminosa barriga y rostro feliz, modelo del hombre que no fio. Y al lado, flaco, rotoso, envejecido, el que se pasó fiando y no pudo cobrar. Lo más probable es el origen europeo de la cosa y la habrá traído algún laborioso inmigrante hasta el Rio de la Plata y, de ahí, a nuestro país.
La leyenda de “...hoy no se fía...” no era sin embargo solamente un detalle pueril o importante en medio del muestrario de botellas de la estantería de los viejos almacenes, el vetusto mostrador y las bolsas de porotos, typyraty, arvejas, garbanzos, lentejas y otros productos comunes entonces en los negocios de esa clase. Sin duda, el cartelito de “...hoy no se fía...” que veíamos tan frecuentemente de niños era más bien una mentira, pero una de esas mentiras cristianas, una bella mentira comercial. Puesta allí para desalentar a los clientes inclinados a la libreta. No funcionaba sin embargo el contenido del letrero porque el almacenero no resistía esa inocente seguridad del pequeño cliente, el mita i enviado a hacer las compras o la niñita descalza con su canastito, y ambos con su vocecita llena de firmeza: “.. .dice mi mama que le mande un kilo de yerba y que anote... y quiero la yapa.”
La yapa era una institución amable. Era el regalo del almacenero en una forma de primaria forma de relaciones públicas. Un caramelo largo que duraba media hora y hasta se podía dividir en dos pedazos para obsequiar al hermanito. La yapa era interesada y también sentimental.
Interesada, pues cultivaba a la clientela menuda encargada casi siempre de las compras, lista en mano y canasta al brazo. Sentimental, pues era una forma de demostrar a las familias clientes la buena voluntad del comerciante, expresada en un regalito para sus niños.
La yapa era la nota afectuosa del almacenero como era también para cualquier transeúnte, aunque no fuese cliente, el agua fría de la vieja heladera con barras de hielo adentro, agua a disposición de quien la pidiese.
Tiempos cercanos aun, cuando era inconcebible no tener a mano agua fresca para quien desease beberla. Pero, volviendo al cartelito había variantes como ésta “...no fio ni desconfio.. .”  A veces los dos versos eran cuatro y entonces la cuarteta escrita por algún anónimo poeta podía expresar esto: “. .Si las casas vendedoras. .. me fiaran las mercaderías... Yo también a quien quisiera... las cositas le fiaría...”  Versos primarios que ponían en el viejo almacén una nota de barato ingenio y hasta motivaban comentarios jocosos.
Cosas que el hombre o la mujer que crecido en la ciudad añora y evoca con una suave emoción. En algunos de los modernos y estilizados negocios céntricos de hoy se ve un cartel redactado de esta forma: “...Las ventas son al contado... no aceptamos cheques...” Sin embargo, saliendo del centro y caminando hacia los extramuros de la urbe, en donde todavía existe algún antiguo almacén, se podrá ver muy a veces, el cartelito: “...hoy no se fía...” como queriendo desmentir el alma bonachona del también viejo almacenero que en alguna parte sobrevive. Entonces, el oriundo de esta ciudad hoy llena de gente forastera busca la postal del pasado, se queda un momento en su isla nostálgica y le parece ver a la niñita rubia y descalza, canastita al brazo, que le dice al almacenero aquello de... “mama quiere medio kilo de yerba... y yo quiero la yapa”
Gerardo Halley Mora



LA PALABRA Y LOS DIAS: ANONIMAS

Hay una lucha silenciosa e intensa de todos los días cuyo escenario tiene mil frentes. Sobre ella nada dicen los periódicos, las emisoras y las agencias informativas. Usted es, a lo mejor, uno de los combatientes que, hablando en términos de prensa, casi nunca hace noticia.
Decimos casi nunca porque esta vez uno de aquellos ha ganado el primer plano de la información. Hasta hoy, Ricardo Ramírez era un simple soldado de esa guerra sin condecoraciones. A diario salía de su casa en su modesto vehículo de reparto y dejaba en su hogar de los suburbios un niñito y una esposa, cuyas despedidas eran quizás una oración.
Ricardo Ramírez, soldado anónimo del trabajo, fue hoy noticia porque la muerte se arrojo a su paso con sus descarnadas manos. Y cayo, humilde luchador del pan, destrozado, con el vehículo que fue su caballo de batalla en el combate de ganar el sustento para sí y los suyos. Los poetas están siempre listos para cantar a los héroes de la guerra, a los genios de las batallas sangrientas y a quienes luchan, vencen o caen en las aventuras bélicas.
Las plazas públicas suelen ostentar la efigie ecuestre de los titanes de la guerra. Nunca, casi nunca por lo menos, ostentan el monumento al hombre caído en las escaramuzas del trabajo, en las que las armas son las herramientas o los instrumentos de la creación intelectual.
Ricardo Ramírez perteneció a esa legión humilde cuyos miembros quizás jamás tendrán su monumento, a pesar de que él, como otros muchos para quienes el diario sudor y la angustia, y la dureza de la vida fueron las trincheras para batirse valiente, anónimo y silencioso y buscar una victoria hermosa, cuyo trofeo era el pan.
En Ricardo Ramírez que hoy temprano salió de su casa con un beso para un niño, con otro beso para la compañera de su vida y sus sueños, en Ricardo Ramírez que solo con la muerte pudo saltar de su  oscuro anonimato para transformarse en noticia, rendimos homenaje a todos los trabajadores humildes, hombres, mujeres y niños a quienes vemos todos los días en la lucha del pan por calles, caminos, fabricas, oficinas y mercados. Para los héroes humildes del trabajo que quizás, nunca, o muy pocas veces tendrán su monumento.
Gerardo Halley Mora


LA PALABRA Y LOS DIAS: EL CANTOR DE LAS MADRUGADAS

La noche se aleja y como dice el poeta la aurora asoma sus dedos rosados por Oriente. La madrugada ha traído alivio para el tórrido calor del día anterior, prolongado hasta más allá de la medianoche. Pero el día anticipa el horno en que el sol convertirá la ciudad. En esa hora llena de iniciales rumores de la temprana madrugada, Asunción vibra con la ronda sonora de los gallos entre la fronda de los patios suburbanos y aun en los recintos ya más estrechos de las construcciones céntricas. De cuadra a cuadra el vivaz equipo de emplumados cantores se esfuerza afinando en una competencia. “Las piquetas de los gallos cavan buscando la aurora”, ha dicho García Lorca.
La madrugada recuerda con la estridente saeta sonora emitida por el ave doméstica, algunas lecturas. En una de ellas, un hombre de ciencia se propuso estudiar porqué canta el gallo. En este mundo no debe sorprender que personas tan serias y sabias se ocupen de cosas así. Pero el descubrimiento del radar está muy relacionado con la observación del vuelo del murciélago. El motor de reacción es similar al sistema de propulsión de ciertos seres marinos. Estos absorben y expelen agua y así viajan. Leonardo da Vinci, genio singular, estudiaba el vuelo de las aves y trato de construir un aparato de alas móviles agitadas por un sistema de engranajes parecido al pedal de las bicicletas, entonces desconocidas.
Volviendo al investigador primeramente citado, llego a esta  conclusión: el gallo esta acondicionado por una fina sensibilidad de sus sentidos para captar ondas magnéticas emitidas por el sol desde poco antes de aparecer. Asimismo, la llegada de la luz despierta en él el instinto atávico de cantar. Sin embargo, alguien dispuesto a desmentir al sabio en su primera conclusión encendió en plena noche una linterna cerca de un gallinero y los gallos allí alojados lanzaron su canto. Pero éste en tales momentos seria desafinado y sin la gallardía de clarinada del gallo de ese buen vecino nuestro, cuando saluda al sol.
La literatura no se ha olvidado de este animalito cuya tendencia a las mieles del harén son clásicas. Una difundida creación teatral nos presenta al gallo ya entrado en años pero siempre animoso, cuya vanidosa creencia era que su canto hacia salir el sol. Pero viejo como era el emplumado caballero cierta vez se quedo dormido y cuando despertó vio el sol alto en el horizonte.
Grande fue el dolor del anciano animalito al comprobar la falsedad de su inocente creencia: el sol sabía salir, aun sin su clarinada matinal. Aquella comedia, alude, desde luego, a ciertos individuos cuya creencia es sentirse ejes del mundo. Duro y amargo es para ellos comprobar que todo marcha igual, o quizás mejor, sin su presencia.
¿Por qué cantan los gallos? La cosa seguirá interesando a nuestro hombre de ciencia aunque nos parezca una soberana inocentada. Pero es más fundamental para nosotros la persistencia feliz del viejo saludo que los gallitos cantores de la Capital, desparramados por los patios techados con la capa verde del follaje nos brindan de madrugada.
Asunción, ciudad cambiante ha perdido muchos de sus pregones típicos reemplazados por el rugido tempranero de los vehículos. Pero el pregón de los gallitos persiste, felizmente, para poner en nuestros corazones la vibración de su alegre clarinada, indicándonos el momento de avanzar en el nuevo día sobre el campo de batalla de la vida.
Gerardo Halley Mora


miércoles, 12 de abril de 2017

LA PALABRA Y LOS DIAS: EL ESLOGAN

Bien dicen que un idioma es el trasunto de una civilización y una cultura y el resumen de los adelantos técnicos, mecánicos y de otro orden. Por eso hay idiomas con absoluta incapacidad para expresar ideas cinticas, conceptos técnicos o explicaciones mecánicas y abstractas. Al mismo tiempo, el avance constante de la civilización ha ido creando vocablos como las siglas, que se forman por aglutinación de las iniciales de una frase larga, casos del radar y el laser.
Existen también palabras de curso cada vez más corriente y de origen extranjero. Una de ellas es “slogan”*, tan usada en todo momento en propaganda y publicidad. Pues bien, el vocablo inglés “slogan” hace tiempo ha tomado carta de ciudadanía en nuestro ambiente. Por lo que quizás no sea pedantesco formular algunas apreciaciones sobre la misma. El origen del término proviene de los antiguos guerreros montañeses de Escocia, los famosos “highlanders” o habitantes de tierras altas. “Slogan” era denominado el grito de combate o de llamada que aquellos se transmitían de roca en roca cuando salían en campaña. Algo así como la frase de batalla, el lema que convoca a la acción. Ejemplos de “slogans” pueden ser considerados muchos formulados a lo largo de la historia. En el siglo once el religioso francés Pedro El Ermitaño predico la Primera Cruzada y su “slogan” o lema era así: “DIOS LO QUIERE. . .” Esta frase de fuerte sentido místico era repetida constantemente por el predicador en sus arengas a través de las ciudades de la Europa Medioeval. Uno de los mejores “slogans” que se conocen fue creado por Julio César, después de haber vencido al Rey Farnaces del Ponto. Luego de la victoria el gran romano se presento ante el Senado y dijo concisa y lacónicamente, “Veni, Vidi, Vici” o sea, "Vine, Vi, Vencí". Esta frase es de notable fuerza y concisión.
Alejandro Magno, tenía en las batallas libradas en sus campañas bélicas el siguiente lema, en la forma de una arenga dirigida a los soldados macedonios: “Si avanzo, seguidme, si retrocedo matadme, si soy traicionado, vengadme...” De Alejandro Magno, rey de Macedonia, decía Demóstenes que era un muchacho atolondrado. Pero su arenga fue electrizante.
Otro de los célebres “slogans” conocidos en el mundo lo formulo Catón, el Censor, elocuente orador romano, quien visito a la famosa ciudad fenicia de Cartago y quedé impresionado por su riqueza, fuerza y esplendor. Catón, que había sido llamado a la ciudad africana para mediar en un litigio político allí existente no demostró demasiada ecuanimidad cuando se dirigió al Senado de Roma, armando que Cartago era enemiga en potencia del imperio de los Césares. Pronuncio varios discursos sobre este tema terminando siempre sus alocuciones con este “slogan”: “Delenda est Cartago” o sea, “hay que destruir Cartago”. Roma impresionada por la frase desato la guerra púnica y así, un “slogan” torció el curso de la historia destruyéndose la poderosa civilización fenicia rival de Roma.
James Monroe, presidente norteamericano del siglo pasado, impresionado por la amenaza europea de reconquistar las colonias del Nuevo Mundo, creo el lema “América para los Americanos”. Un político argentino acuño otra frase rectificadora. Fue Sáenz Pena con su “slogan”... “América para la humanidad”.
Durante la primera guerra mundial los norteamericanos repitieron hasta la saciedad el lema de: “...La guerra que acabara con las guerras”. Un estimulo muy directo, sin duda, al deseo de paz. Y en la segunda guerra mundial la propaganda aliada hizo suya el repetidísimo “slogan”... “Hacia un mundo mejor”.
Cuando el ataque japonés a Pearl Harbor los norteamericanos plasmaron su deseo de desquite en este “slogan”...“Remember Pearl Harbor”, o sea “Recordad Pearl Harbor”. . . La frase iba impresa en afiches y grabada en discos. Hasta se compuso un foxtrot que luego fue muy popular con. este estribillo. Tanto fue así que el 17 de diciembre de 1944 en que se cumplían tres años del asalto japonés a la base naval norteamericana las firmas comerciales de Nueva York fueron solicitadas para que sus telefonistas atendiesen con la frase “Recordad Pearl Harbor”.
Estos ejemplos demuestran como una frase inteligente, un “slogan”, puede tener una fuerza tan dinámica no solamente en la promoción comercial sino también en el campo de las ideas, la política, la guerra y toda otra actividad humana. Por eso, crear un “slogan” de efecto es tarea propia de mentes aguzadas y de percepción sicológica, para mover los resortes de las emociones humanas.
Gerardo Halley  Mora
* Recientemente, se ha incluido el vocablo ESLOGAN en el Dicc. Castellano (N del A)


lunes, 13 de marzo de 2017

CARTA A MI PEQUEÑO HIJO LAUTARO

Cuando nos toca conocer a un niño que percibe y disfruta del universo de manera diferente, emprendemos un viaje de amor, de aprendizaje, donde se agudizan también nuestros sentidos y somos mucho mas sensibles a los estímulos de nuestro alrededor.

Este niño trae regalos.

Te regala una GRAN LUPA que te permite observar los logros pequeñísimos y te deja ver la grandeza que reside dentro de cada esfuerzo.

Te regalan un RELOJ, uno que va a su tiempo, ni mas lento , ni mas rápido, el suyo, y aprendes a respetar, adecuarte y disfrutar de manera diferente el paso del precioso TIEMPO. Este RELOJ también viene con alarma, uno que vibra cuando es necesario  hacer una pausa y bajar un cambio.
Te muestran un CAMINO, que tiene subidas y bajadas, donde a veces hay que agarrarse fuerte de la mano , tomar impulso y saltar,

Para recorrer este lugar, te presta una TERMITO y te pide que lo llenes con dulce jugo de PAZ-CIENCIA. Liquido vital para poder pasar cualquier obstáculo que se nos cruce , con perseverancia, calma y en otras ocasiones nos de la energía necesaria para romper paredes con mucha fuerza si hace falta.

Sentarse, descansar y pensar también va a ser importante porque fuiste elegida para ayudarlo a escribir su LIBRO. Llenando juntos paginas blancas con risas, llantos,sensaciones, experiencias, dibujos y fotos de personas que fueron conociendo y se sumaron a esta aventura. Sendero que a veces se vuelve confuso, se nubla y no vemos claro a donde vamos y nos da mucha sed. Sed de saber, de entender, de capacitarnos, de respuestas, de ayudar.

Te trae unos ANTEOJOS especiales, son del color que mas te gusta. Hasta acostumbrarse a usarlos , marean un poquito, pero te permiten identificar habilidades especiales, fortalezas, y capacidades donde otros no las ven. 

Te ofrece una CAJITA MAGICA, donde vas a meter palabras, miradas y prejuicios que no aportan nada y absorben energía, Pero al meterlas ahí dentro, se esfuman y  desaparecen. 

Y su AMOR, incondicional ,sincero y puro AMOR, que te alimenta y sana.

Contigo mil veces, TEAmo, mi compañero Lau.

Jazmín Barrail Halley
mamá de Lautaro 

miércoles, 2 de noviembre de 2016

LA PALABRA Y LOS DIAS: LOS AMIGOS IDOS

Una noticia venida de Hollywood, la antaño rutilante Meca del Cine hoy deslucida, nos pone al corriente de un acto realizado en un cementerio. Pero esta vez no ha sido para rendir homenaje a la memoria de una persona sino para otro fin.
Recordaban a una monita cuyas travesuras hicieron las delicias de tantos seres humanos de la más variada edad. O sea, aquella chimpancé llamada Chita, infaltable en los filmes de Tarzan. Por aquel  entonces, el apolíneo Johnny Weismuller era el héroe de las mas o menos descabelladas y, al mismo tiempo, simples aventuras del teórico personaje creado por la fecunda imaginación de Edgar Rice Burrough. De paso, digamos que Tarzan, según opinan algunos críticos, fue una creación  novelesca inspirada en la lectura de los relatos de Rudyard Kipling, como "Cuentos de la Selva" y otros.
Pero este es otro tema y hoy nos ocupa la mención de Chita. De cuando en cuando, en algún cine de barrio se la puede ver todavía en la pantalla para delicia de la gente menuda y de nosotros los grandes, porqué no reconocerlo. La simpática monita murió en octubre de 1962, hace siete años, pero por mucho tiempo estará en el recuerdo. No será el primer animal cuyo paso entre los humanos quedara grabado para siempre en la memoria de éstos. Los famosos gansos del Capitolio de Roma cuyo alboroto advirtió del peligro que en ese momento se cernía sobre la ciudad. Ni qué decir del perro de Alcibíades. Erase este un político muy célebre por sus notables rasgos de ingenio. El mas recordado de todos éstos ocurrió cuando dispuso cortarle la cola a su perro, para que los atenienses al hablar de esta humorada cruel dejasen de repetir los rumores poco edificantes que circulaban sobre el amo del animal. Es fácil comprender la tristeza del pobre can a mas de su dolor físico al serle extirpada la cola. Sin embargo, nada quizás debió haber sido peor para el animalito que la siguiente ocurrencia de Alcibíades, consistente en disfrazar al perro con la piel de un león para hacer una broma a quienes decían de todo de el. En el paraíso reservado a los animales virtuosos, seguramente estará también la perrita Laika. Porque en la conquista espacial, y aunque esto hiera el orgullo de los seres humanos, fueron los llamados irracionales los pioneros. Monos, porros, insectos fueron lanzados al frio o inhospitalario cosmos como chivos emisarios, antes de que el hombro adelantase sus cautelosos pies en el desconocido pantano sideral. Otros habitantes de ese Olimpo de los animales seria Babieca, el caballo de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, caudillo español en la lucha contra la civilización árabe en España. Y ni qué decir de Rocinante, que si bien fue un mito como su gran jinete Don Quijote, merece los honores de un "yvaga" zoológico.
La información traída en estos días por un despacho de prensa actualiza también la presencia en un comentario de Hollywood de los restos de aquel otro maravilloso actor perruno llamado Rin Tin Tin, el notable animal cuyas aventuras deleitaron a muchos hombros hoy maduros o ya viejos. Alguna desvaída película aparece de pronto por ahí y no deja de causar una indefinible emoción en los adultos verificar que los niños de hoy sienten el mismo encanto y exaltación que aquellos otros niños, frente a las andanzas de ese Rin Tin Tin posiblemente inspirado en la inolvidable novela de Jack London, "Colmillo Blanco".
Este perro notorio os predecesor de ese otro animal célebre que exploro el mundo sideral atado con arneses en el interior de una cabina hermética, o sea Laika, la perrita cósmica. Sobre la tumba de Rin Tin Tin hay una lapida con este texto aproximado: "Aquí descansa Rin Tin Tin, héroe de mil películas. Como actor fue menos perro que mas de uno.." Laika tiene como tumba el universo entero y su lapida está escrita con las estrellas en el inmenso pizarrón del infinito.
Atila decía que donde su caballo pisaba el pasto ya no crecería nunca. El bárbaro quo aterrorizo a Roma dejo una injusta impresión del noble bruto que montaba. Pero el caballo de Atila naturalmente esta absuelto de las atrocidades de su amo. También hubo una voz en la antigua Italia, hace unos 700 años, un hombro buenísimo, manso y pacifico, amigo de las aves y de los lirios. Se llamaba Francisco de Asís. Decía que los animales eran nuestros hermanitos menores y cierta vez apaciguo a un lobo que asolaba la comarca acariciando al feroz animal mientras le decía: "Paz, hermano lobo". Francisco de Asís exalto la amistad del hombre y los seres llamados irracionales.
Todos tenemos un amigo así, algunos ya idos para siempre. Los niños sienten la tristeza del perrito que murió envenenado por la maldad de una vecina neurótica. O añoran al compañerito de juegos capturado por la perrera.
Los animales superan las hazañas de los hombres, a veces como Rin Tin Tin, eximio actor, y Chita, inimitable actriz cómica. O Laika, heroica aventurera espacial.
Por eso, entre nuestros amigos idos a quienes recordamos emocionados están estos seres humildes de la Creación. Ellos nos dieron horas de alegría, compañía y protección. Deseamos por eso que exista para ellos un Olimpo feliz, un Paraíso, un "yvaga".
·         Yvaga, en guaraní, el Paraiso

Gerardo Halley Mora

lunes, 31 de octubre de 2016

LA PALABRA Y LOS DIAS: LA SIMBIOSIS DEL HOMBRE Y EL MUÑECO

La ficción suele adquirir muchas veces una fuerza persuasiva capaz de inducirle realidad. En Londres puede visitarse en una casa de Baker Street el museo de Sherlock Holmes con la figura de cera increíblemente dotada de una sensación de vida, del genial detective creado por la imaginación de Sir Arthur Conan Doyle y la de su amigo el doctor Watson. El museo está en la planta alta de una típica taberna londinense y es muy visitado. Mirando a través de los cristales pareciera estarse frente al momento inminente de oír decir a Holmes aquella frase peculiar:  "Elemental... Watson". elemental".
Existe pues una simbiosis de lo ficticio y lo real al desaparecer los límites entre ambos conceptos. El autor suele identificarse muy estrechamente con su propio personaje. Le ocurrió a Conan Doyle cuando después de hacer caer a su incomparable pesquisante en un abismo de Suiza, en mortal abrazo con su temible enemigo Moriarty, no pudo resistir la nostalgia de su creación y escribió la forma en que Holmes se salvo. Es patente en los últimos tiempos el caso del Agente 007 y su creador Ian Fleming. Este fue en su juventud agente secreto. En mucho la vida del imaginario agente es la de su creador.
En estos días es latente en el público paraguayo el interés por un diminuto personaje de pasta, hilos y estopa y su acompañante de carne y hueso. Es un caso definido en biología por simbiosis o sea la complementación o interdependencia de dos organismos. El muñeco cuya fascinación sobre la gente menuda y la de barba y pelo en pecho es irresistible, tiene una antigua genealogía. El hombre busca siempre imitar su propia imagen y darle movimiento, como si en eso hallara la contrapartida al dolor y a la frustración de la vida.
Entre los muchos antepasados de Chirolita estará seguramente el incomparable Pinocho, el títere narigudo cuyas andanzas lleno de placer a muchas generaciones. Mas cerca vienen los "piccoli" del italiano Vittorio Podrecca. Estos actuaron en Asunción hace muchos afros para una feria de asombro y maravilla. Interpretaban obras de Pergolessi, Rossini, Massenet, Respighi y otros célebres autores. Son, pues, antepasados de Chirolita esos títeres famosos. Es grafica la definición enciclopédica del vocablo. Transcribimos: "Títere. Figurilla de pasta u otra materia vestida o adornada que se mueve con alguna cuerda o artificio". Pero lamentable es el envilecimiento del vocablo títere por efectos de la guerra y la política. Gobierno títere era una calificación despectiva dada durante la segunda guerra mundial a los alineados con Alemania. Pero el arte ha dignificado el sentido de esa palabra y la ha embellecido para darle frescura de fuente alegre de emociones limpias.
La genealogía es profunda pues parece iniciarse en la India en remotos tiempos. Los griegos, a su vez conocían las neuropastas o cosas dotadas de movimientos por medio de cuerdecitas manipuladas por un operador. Aristóteles menciona los títeres y Horacio asigna el entretenimiento entre los romanos. En los tiempos modernos fueron Signoret, Bouchet y Holden quienes elevaron la calidad del arte. En la Argentina la señora Mane Bernardo logro singulares creaciones.
Chirolita y Mister Chasman comprueban la compenetración del muñeco y del hombre, o sea la ficción y la realidad. El personaje diminuto de pasta y estopa habla a través del arte ventrílocuo de su creador y asociado, pero es el títere quien asume el papel central y su humanidad desbordante desplaza a su animador. Pues la gente ve en los títeres la copia distorsionada de sus propias debilidades cual una caricatura móvil y parlante de la comedia humana. En Chirolita y Míster Chasman asombra, pues, percibir la intensa comunicación entre el muñeco y el hombre. Este había perdido a su esposa al nacer su hijita y meses después fallecía otro miembro de su familia. De profesión linotipista, alimentaba otras aspiraciones y buscando un escape a la soledad dio vida al camarada de pasta, estopa e hilos. El hombre respeta a su creación y a su amigo de correrías artísticas, pues cuando un promotor publicitario le ofreció especular sobre la sensibilidad de la gente con un tramado secuestro del muñeco, rechazo la idea. Los diálogos entre la pareja suelen ser íntimos y confidenciales, o alegres y ligeros, o sensatos y lucidos. Pero como la alegría tiene siempre una dosis de tristeza, los parlamentos de la pareja simbiótica derivan a cada rato en una connotación nostálgica o ausente.
El hombre añora a la compañera ya ida para siempre. El muñeco se duele de serlo y porque al enamorarse de una bonita muchacha la realidad le dice que eso es inocuo porque, obviamente, no es sino un muñeco. Pero con alma, lo creemos. Un alma transmutada a su organismo de estopa y cordeles por el alma de un ser humano. El creador identificado con el mito del personaje, Conan Doyle y Holmes. Allan Poe y sus torturados personajes. lan Fleming y el Agente 007.
Pues lo cautivante de Chirolita y Mister Chasman no está en la perfección técnica arte ventrílocua y la casi robótica que mueve al muñeco. Lo cautivante es la adopción hecha por el muñeco de su propio creador al cual transfiere su emotiva sicología, escapada del mundo de lo ficticio para ser de auténtica, humorística y dolorosa humanidad.

Gerardo Halley Mora

viernes, 14 de octubre de 2016

LA PALABRA Y LOS DIAS: EL CAMINO DEL TABACO

Es indudable que América devolvió a la vieja Europa por cada fruto que de allí trajeron los conquistadores un producto de su vasta geografía. Los españoles aportaron las naranjas y limones. Los españoles los recibieron como herencia de la refinada civilización árabe que permaneció ochocientos años en su país. El limón que conocemos es uno de los frutos mas maravillosos.
En nuestro medio, algunos derivan el nombre popular que se le da, de "lima suti", para sacar la definición equivocada de "limón sutil”. Lo cual no es exacto. Es limón ceutí, es decir, de Ceuta, ciudad morisca ubicada en África frente a las costas de España. Ceutí es gentilicio de Ceuta.
América dio a Europa la papa, o patata, que cultivaban los incas en su imperio. Allá por el siglo 18, un francés la llevo a Europa pero no como producto comestible sino para vender sus flores. Se puso de moda entre los nobles europeos usar flores de papa. Pero descubrieron que era riquísima como alimento. La papa se ha extendido por toda Europa. Algo parecido le paso a los europeos con el jabón, que inventado en Alemania en el siglo seis de la era cristiana se lo usaba solamente como remedio para darse fricciones.
Pero sin duda, una de las cosas más sensacionales que América dio a Europa a cambio de los productos que ella nos mandé, ha sido el tabaco que, según los botánicos, es una planta del género de las nicotianas, de la familia de las solanáceas. Es nuestro fuerte y antaño cotizado pety.
De niños, admirábamos la tarea habilidosa de las manilleras que seleccionaban las hojas y formaban pequeños haces. Luego nos admirábamos aun mas viendo el trabajo de los enfardadores que apretaban los grandes atados con fajas de metal: "zunchos" que les decían. Después las carretas enormes, con toldos, venían chirriando con tres yuntas de bueyes y una larga y emplumada picana llena de cencerros resonantes que ponían en la campiña de Coronel Oviedo, entonces Ajos, una sinfonía bulliciosa. Las carretas dejaban el tabaco a cargo del tren en Villarrica. Nuestro padre comerciante hablaba del tabaco como de un tema apasionante.
Cuando los españoles llegaron a nuestra tierra, los indios fumaban, y no poco asombro sufrieron aquellos rudos conquistadores al ver que la gente echaba humo por la boca y la nariz.
En nuestra tierra, después de las doncellas indígenas, el tabaco fue la cosa que mas gusto a los blancos recién llegados. El nombre guaraní del tabaco, pety, era también el nombre que le daban los indios del Brasil y de la Florida, en la después Norteamérica. Se estima que Juan Ponce de León, marino en la escuadra de Colon, en el segundo viaje, en 1496, llevo semillas de la planta a Portugal y Hernán Cortes también las remitió a Carlos V.
El tabaco se puso de moda en Europa después que el embajador francés en Portugal lo envió a Francia y a otras cortes. Los hombres sabios dicen que el embajador se llamaba Nicot, de ahí nicotina. Sir Walter Raleigh, uno de los famosos piratas ingleses, y Drake, otro filibustero de campanillas, llevaron el tabaco a lnglaterra. Dicen que Sir Walter Raleigh estaba fumando un día al pie de un árbol, en Inglaterra, y echaba humo por boca y nariz. Su criado que nunca había visto semejante cosa creyó que su señor se incendiaba y vino corriendo con un balde de agua que derramo sobre este. ,
Bueno. Todo esto viene al caso ante un anuncio de que el señor Enrique Chaij, una persona muy simpática, dice que puede curar el hábito de fumar en únicamente cinco días. Desde luego, al señor Chaij no le dispensaran su afecto las fábricas de cigarrillos y cigarros.
Los humoristas han explotado hasta el cansancio el tema del dejar de fumar. Las mujeres coquetas fuman para adelgazar. Los intelectuales a la moda fuman, o hacen que fuman en pipa, y luciendo barbas. Todos los fumadores han dejado de hacerlo para siempre por lo menos diez veces. Hay un tango sensual en que una mujer canta, también sensualmente, que espera fumando a su prometido.
Finalmente, con todo el respeto que nos merece el señor Chaij, podemos decir que existe una sentencia del escritor chino Lin Yu Tan, autor de la"Imp0rtancia de vivir" y otros libros difundidos, que refiriéndose al tema del tabaco afirma que quien alardea de haber abandonado el vicio, miente. Porque, dice el filosofo chino, el gremio de fumadores no pierde nada cuando alguien dice haber dejado el vicie de fumar, pues el verdadero fumador jamás abandona el placer del tabaco.

Gerardo Halley Mora

LA PALABRA Y LOS DIAS: EL ALMA DE LOS BARCOS

Un diario argentino ha publicado la crónica del viaje definitivo de un buque conocido por muchos paraguayos.
Este buque era el Washington, que hizo su último viaje al Paraguay el 20 de Abril de 1946. Había sido construido en 1906 en astilleros ingleses. Su porte era el clásico que mantuvieron los antiguos barcos de vapor hasta hace unos 50 anos, es decir, altas chimeneas y grandes ruedas laterales, como esos navíos que vemos en películas de la vida en el Mississippi, del siglo pasado.
El Washington subía y bajaba hasta y desde Asunción, en el tiempo de los llamados buques "paquetes". Cuantos paraguayos viajaron a su bordo, y cuantos recordaran todavía la buena cocina y la buena mesa de esa nave apacible y cachazuda, signo de una época que añoran los viejos. Eran compañeros del Washington otros barcos llamados General Artigas, Bruselas y General Alvear. No fueron exactamente naves gemelas, pero si hermanas, con hogares comunes, los grandes ríos Paraguay, Paraná, Uruguay y de la Plata. Al margen de que el Washington tiene su parte de historia por haber sido uno de los más familiares en nuestro puerto, había hecho también la suya propia.
En setiembre de 1936 salvo a todos los tripulantes de un buque griego que se estaba hundiendo en el Paraná. Y para dar matiz más heroico a su vida, durante la segunda guerra mundial la apacible nave que surcaba nuestro rio se aventuro en el mar, y frente a las costas de Portugal fue detenida por un gran submarino alemán. Los tiesos y severos germanos la registraron encontrando a su bordo a varios centenares de ciudadanos norteamericanos. El comandante alemán exigió que los mismos fuesen trasbordados al submarino pero el capitán del barco mercante se negó. El marino tudesco, impresionado por tanta firmeza, sonríe, saludo cortésmente y se retiro, deseando buen viaje al inofensivo buque.
Este sumo también algo de historia a nuestra ciudad, porque fue su frecuente visitante y trajo y llevo a muchos pasajeros en una época en .que viajar a Buenos Aires era el desiderátum. No como ahora, época de veloces aviones y de fáciles viajeros. Ahora bien, dirá el paciente lector: ¿A cuento de que vienen todas estas cosas? Sencillamente, consiste en la noticia de que hablamos al principio, e informaba que el anciano Washington que había sido vendido a un comerciante en chatarra y estaba anclado en la Vuelta de Rocha, junto al muelle porteño, comenzó de pronto a hundirse como si prefiriera el suicidio a su descuartizamiento. Nada pudo hacerse para evitar el naufragio del buque abandonado, con sus vacios salones y camarotes en los que otrora la vida fue bulliciosa.
Hay quienes sostienen que los buques tienen personalidad y poseen una extraña vida propia. Las historias del mar y del rio hablan de misteriosos navíos fantasmas que aparecen de pronto frente a la proa de los modernos barcos y se diluyen en las sombras de la noche. ¿Fantasías? Hay cosas inasibles para la mente humana, y el hombre prefiere, por eso, considerarlas absurdas.
Finalmente, digamos que de los 3 buques hermanos el Washington era el único sobreviviente, amarrado a un muelle porteño desde 1960, vendido por cualquier suma. De todos modos fue noticia que inducirá a una evocación de tiempos idos a muchas parejas que supieron de su luna de miel quizás en el "paquete" de entonces, o vieron llegar o partir en él a los seres queridos, o disfrutaron o sufrieron en sus salones, cabinas y cubiertas. Porque, cierto es, los barcos tienen una personalidad. Trasciende su espíritu mas allá de sus frías estructuras de metal o madera  anidan un alma y se contagian de humanidad.
Extraño sentimiento que muchas personas experimentan frente a los barcos, y que tal vez puedan explicarlo los navegantes.

Gerardo Halley Mora