Conozco a don Sandoval desde hace mucho tiempo y siempre pensé que era el personaje ideal para una novela. Poblador de un pueblo de la Cordillera que es un “paraje ya vy'a jha“ y donde la "paloma toda unida emprende vuelo al amanecer“, era un laborioso agricultor que con mucho sacrificio tenia a sus dos hijos varones "legítimos" en la secundaria y una hija “natural“ en la casa de un compoblano asunceno y estudiando para enfermera. Buen trabajador, consideraba la política una manera de perder el tiempo, aunque estaba afiliado "por tradición familiar" y asistía a las concentraciones, no tanta por entusiasmo sino para que le vean y no anden acusándolo de falta de "fervor“. Todo hubiera seguido así, si el General Rojas (por ponerle un nombre) no hubiera visitado su valle, que es el de don Sandoval, y al ver a don Sandoval entre los homenajeadores al hijo dilecto del pueblo, recordó que su gloriosa carrera militar había empezado con la generosidad del padre de don Sandoval que le había ayudado económicamente para ingresar a la Escuela Militar, elevándolo de aprendiz de tropero a cadete.
Saludó
cordialmente a don Sandoval, que no sabía si ponerse firme o abrazar al prócer
compoblano, le preguntó "como andamo de trabajo" y le invito a
visitarle en su Comando. Don Sandoval no hubiera viajado a Asunción si desde
ese día, su esposa, ña Gumersinda, que consideraba el saludo del General con
tanto valor como la bendición del Papa, no empezara a importunarle hasta la tortura
mental y con interminables plagueos sobre el "porvenir“ propio y de los
hijos. Finalmente, don Sandoval, que pensaba que la vida le había dado
buenamente todo la que merecía y un poco más, viajo a desgano a Asunción y fue
recibido por el General. Desde entonces cambió su suerte.
Obtuvo un
gran crédito con la garantía de su pequeña parcela y dos casas en el pueblo que
habían sido de su padre y estaban cayendo a pedazos, con el cual compro las
tierras vecinas, plantó piñas, bananas, algodón y soja y puso un tambo con
cuatro vacas lecheras. También se dio el gusto de tener un Malacara de carrerape
(que dicho sea de paso siempre ganaba) y dos gallos de riña de los mejores. Le
dieron también la "liberación“ de un coche Mercedes Benz que él, bajo el
sabio asesoramiento del General, negocio y se quedo con un flamante Jeep de
doble tracción. Uno de los hijos que estudiaba en Asunción fue nombrado
inspector en la Aduana de Ciudad del Este, y el otro, Jefe de la Fiscalización
de Hacienda, a pesar de ser un alumno bastante burro en el quinto curso del
bachillerato. Y don Sandoval cambio. Como consiguió con el General que le
construyeran la Escuela a Campania Rincón (que lleva el nombre de la mama del
General) y nombrara Agente de lmpuestos Internos a Dorotea, Reina de belleza
del pueblo, y mandara maquinarias a planchar los caminos vecinales y que hasta
vinieran soldaditos al mando de un oficial a construir un puente sobre el
arroyo 'v'acapiré, don Sandoval empezó a ser tratado con el respeto que merece
el Caudillo, digno representante del benefactor del pueblo, hijo dilecto de la comunidad.
Doña Gumersinda no cabía en sí de orgullo, y convertida en la esposa del
caudillo empezó a ejercer autoridad de primera dama, destituyendo maestras y
nombrando otras, y encabezando automáticamente cuanta “comisión de
Construcciones" se formaba.
Un gran
cambio se opero en el otrora modesto y laborioso don Sandoval. El mando hasta
cambio su lenguaje. Dice "che ra'y“ o "m'hijo" a la gente. Viajo a Asunción y se arreglo la dentadura
con empastes de oro, y cuando sonríe parece que se abre la cueva de Ali Baba. Y
desde luego, compro la casa más grande del pueblo, que fuera de una “familia
liberal", y después de que ña Gumersinda hiciera pintar de rosado el
frente y de ponerle “bañomoderno“ pasaron a vivir allí. Los hijos, sin mucho
disgusto de ña Gumersinda, abandonaron sus estudios pero aparecen de visita, el
uno en un Mitsubishi Montero, y el otro en un Volvo. Y parece que todo es
felicidad en la familia.
Parece,
porque el General ha caído en desgracia por algo relacionado con vehículos que
van a parar a Bolivia, don Sandoval ya no percibe el placentero oxigeno de la adulación
en el entorno, y anda mascullando para sí :“Mba’e aña pico la oikova
jhina"
Mario
Halley Mora - MHM
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